El icónico álbum Oxygène de 1976 de Jean-Michel Jarre se erige como una de las obras más significativas y revolucionarias en la historia de la música electrónica. Grabado en un humilde estudio casero en su apartamento de París con un equipo analógico modesto —incluyendo sintetizadores clásicos como el EMS VCS3 y el ARP 2600, además de una grabadora de ocho pistas—, Jarre creó un universo sonoro orgánico, etéreo y espacial que contrastaba drásticamente con el punk de la época y la música electrónica más metálica y mecánica. Con su enfoque visionario en la conciencia medioambiental, representado en la famosa portada de Michel Granger con un globo terráqueo en forma de cráneo, el álbum logró, contra todo pronóstico, un enorme éxito comercial con más de 18 millones de copias vendidas en todo el mundo. Hoy en día, Oxygène es considerado una obra maestra indiscutible y un pilar fundamental del synth-pop, el ambient y la música electrónica moderna. Mientras que pioneros alemanes como Kraftwerk cultivaban lo industrial y lo rítmico, Jarre demostró con sus magníficas melodías y complejas texturas sonoras —especialmente personificadas en el éxito mundial "Oxygène (Part IV)"— que la música electrónica podía poseer una profunda poesía, calidez y resonancia emocional. El álbum allanó el camino para la difusión comercial del sintetizador, construyó los cimientos del género New Age e inspiró a generaciones de artistas electrónicos, productores de trance y compositores de bandas sonoras, al mismo tiempo que estableció a Jarre como uno de los pioneros de los conciertos en vivo monumentales.