Musicalmente, el álbum desarrolla la atmósfera de los trabajos en solitario anteriores de Daniel Tompkins en una dirección más oscura y reflexiva. Los arreglos espaciosos, las texturas electrónicas y el distintivo trabajo de guitarra de Paul Ortiz se combinan con voces íntimas y cercanas al micrófono, creando una fuerte sensación de presencia sin comprometer el rango dinámico que caracteriza el trasfondo progresivo de Tompkins y su trabajo con TesseracT. El tempo es moderado y bien considerado, donde los interludios y los motivos recurrentes enfatizan la sensación de un desarrollo psicológico coherente.

La decisión de lanzar el álbum bajo el nombre de ‘Prince Of Failure’ refleja la identidad colaborativa del proyecto y lo distingue de los roles anteriores de Tompkins. Esto permite que la obra se sostenga por sí misma sin referencia a expectativas previas. ‘Prince Of Failure’ se presenta así como una asociación creativa oficial entre Tompkins y Ortiz, una visión compartida con una perspectiva a largo plazo.